FIESTAS TRADICIONALES:
¡Qué gallos! Con estas simples palabras podríamos describir a las gentes de éste pueblo que, cada segundo
fin de semana de agosto, se reunen para celebrar año tras año las fiestas en honor a Nuestra Señora, momento
en el que dan comienzo los dos días más esperados del año por todos los que han llegado a conocerlas. Y es que,
cómo no va a apetecer compartir dos días con una gran familia (porque eso es al fin y al cabo lo que son
las gentes de este pueblo) en el que todos tienen un sitio y un momento para divertirse, pero para comprenderlo
mejor, empecemos por el principio:
Todo comienza el viernes al anochecer con "el chupinazo" y volteo de campanas anunciando que llega la hora de
terminar de degustar la cena y pasar a la acción, momento en el que todos los jóvenes encaminan sus pasos hacia
"El Corral de los Gallos", escuela en la antiguedad y actual morada de estos simpáticos y alegres borrachines
que buscan el disfrute que su juventud les reclama. Allí da comienzo la noche acompañada de buena música y
degustación de los típicos katxis de kalimotxo y demás bebidas típicas de la zona.
Así transcurren las horas hasta que el cuerpo nos va pidiendo que le demos un respiro y nos vayamos a la cama
(hay algunos que tienen mucho cuerpo y no les hace falta...) para guardar fuerzas para los dos días que tenemos
por delante. Antiguamente los mozos solían despertar en los diversos pajares pero hoy en día son sólo unos
cuantos nostálgicos los que siguen con la tradición. Hablando de tradiciones; el momento cumbre de la noche
es la ceremonia de iniciación de los mozos (rito salvaje para unos y tradición popular para otros), hora en
que los chavales que empiezan a ser adultos, son "secuestrados" por los mozos, encabezados por el más antiguo,
y llevados a un lugar apartado para dar comienzo al rito del hacha. Éste se mantiene a lo largo de los años,
de generación en generación y es secreto, (de hecho está prohibido que sea visto por nadie ajeno a la cuadrilla),
y en cuanto a lo que pasa dentro, bueno, hasta ahora nadie a muerto, sólo ha habido unos cuantos heridos
(es broma), así que no merece mención. En fín, una vez terminado el rito el nuevo mozo tiene que pagar una
ronda al resto de la cuadrilla y así continuamos con la noche hasta el momento de irnos a dormir (si queremos...).
Al día siguiente, Sabado, se celebra por la mañana la misa en honor a Nuestra Señora, que es sacada en procesión
por los mozos que se sientan con fuerzas desde la iglesia hasta la plaza, lugar en el que todo el pueblo se
concentra en torno a ella para cantarla y rezarla con devoción (otro bonito momento de unidad del pueblo).
Tras los cánticos y oraciones, Nuestra Señora es devuelta a su lugar en la iglesia para proseguir con la misa
y a su culminación, las gentes se quedan ya fuera de la iglesia hablando de sus cosas o comenzando con los
pasodobles a los acordes de una orquesta, ¡Da comienzo el baile y vermouth!; Después cada uno se marcha a su
casa a comer.
Ya después de haber repuesto las fuerzas gastadas y entrando la tarde, pasamos a los típicos campeonatos de la
región: Campeonato de Bolos (en bolera montañesa), campeonato de Tuta (sobran las explicaciones) y campeonato
de rana, donde todos los que acuden pueden participar y optar a llevarse el galardón de mejor en cualquiera de
las competiciones (y celebrarlo en El Corral de los Gallos con todo el mundo...). Así va pasando la tarde para
ir dando paso al baile de la noche, en la plaza del pueblo y, por supuesto, amenizado por una orquesta elegida
para la ocasión que hace que los pies no paren de moverse hasta que haya que hacer un intermedio para cenar,
aunque de nuevo volvemos una vez terminada ésta a la plaza para comenzar la verbena hasta altas horas de la
madrugada (o toda la noche para los valientes), pues una vez la orquesta termina de tocar llega el momento de
volver a reunirnos en el ya archiconocido Corral para proseguir con la fiesta... La tradición manda que los
mozos no lleguen a dormir ese día y pasen directamente de la fiesta de la noche a las Dianas de la mañana del
día siguiente pero si alguno escapa, no hay problema pues los demás se ocupan de él, puesto que en eso
consisten las Dianas; pasar casa por casa, por todo el pueblo, despertando a todo aquel que aún permanezca
dormido con el sonido de los cohetes y los dulzaineros tocando más pasodobles para alegrar el momento de
salir de la cama. También es este el momento de pedir y dar morcillas a las amas de casa; cada casa da y
recibe la cantidad que quiera mientras ofrecen un tentempie (vino, galletas,...) a los trasnochadores, a fin
de participar más tarde en la morcillada, singular evento que se desarrolla tras la misa a los difuntos del
domingo por la mañana y que consiste en probar todos reunidos la receta de cada casa en cuanto a la forma de
preparar las tradicionales morcillas (que como en Burgos no las hay en ningún lugar), acompañándolas con un
trago de vino o un refresco quien lo desee. Así llenamos el estómago para prepararnos a pasar el último día
de fiestas.
Por la tarde comienzan los juegos infantiles para los más pequeños, que también tienen derecho a disfrutar y,
por supuesto, también ellos obtienen sus merecidos trofeos a los ganadores y caramelos para todos los
participantes porque lo importante es que nadie se marche con las manos vacías...
Y así llegamos al final de la tarde y comienzo de la noche, cuando volvemos a repetir esos pasos de baile y a
cantar esas canciones que nos ofrece la orquesta hasta llegar al momento del intermedio para reponer fuerzas
cenando y después continuar hasta altas horas de la madrugada (o toda la noche para los exageradamente valientes)
porque el ya mundialmente conocido Corral de los Gallos no cierra sus puertas mientras dure la fiesta, aunque
seguramente después de pasarlas, más de uno necesitará unas cuantas horas de cama antes de seguir con el verano,
incluso los más valientes...
Y así es como se pasan las fiestas en el "hermoso pueblo de Ahedo de las Pueblas"; bebiendo, riendo, jugando,
pero todos juntos, como una gran familia que siempre abre sus brazos a todo aquel que quiera venir a vivirlas
de cerca, con nosotros, en éste nuestro PEQUEÑO PARAISO NATURAL en mitad de las montañas, en tierra burgalesas
y casi fronterizo con las cántabras (lo dicho, pura naturaleza...). Todo el que quiera pasarse será bienvenido
y seguro que volverá pues no en vano son las mejores y más conocidas fiestas de la comarca y envidia de la
Merindad de Valdeporres.
Uno de Ahedo.